Martín Yenes, un cofrade orgulloso de su tiempo al frente del paso de las Angustias

03 de diciembre de 2013

Invitado de la sesión del pasado sábado, asegura: "En el
Viernes Santo no hay desunión, sólo desacuerdos"

|| La Semana Santa es memoria. Memoria de la Pasión primera hace dos milenios; memoria de repetir lo que siempre es distinto; y memoria de recordar a quienes ya no participan. Y algo de todo esto tuvo la sesión del pasado en la Tertulia Cofrade Pasión, en la que Martín Yenes, uno de esos rostros clave en esta celebración en décadas pasadas, fue el invitado.

De todo cuanto Yenes es y ha sido en la Semana Santa está, sobre todo, orgulloso de sus años al frente de la campana de Nuestra Señora de la Angustias. Como jefe de paso de la Virgen de San Pablo generó un gran ambiente entre el grupo de hermanos de carga, lo que derivó en diversas actividades, algunas hoy ya con un destacado recorrido como el Vía Lucis con el que la Congregación de Jesús Rescatado abrió camino en el tiempo pascual. Es también miembro de la Hermandad Universitaria –aunque en la actualidad no desfila– y de la del Silencio, en cuya fundación participó. Hasta hace poco tiempo, también de la de Jesús Amigo de los Niños.

Yenes, que en los noventa fue miembro de esta asociación, recordó con cariño a algunos de los integrantes ya fallecidos: Luis Monzón, Francisco Rodríguez Pascual, Benito Matías y Soledad Calderón. Mostró su inquietud por proporcionar a los jóvenes cauces de participación en las hermandades y alicientes para vincularlos a ellas, con independencia de los cargos.

Tiene claro que, en la vida una cofradía, "lo fácil es organizar la procesión, lo difícil planificar y sostener todo un curso". Es partidario de limitar los tiempos en los puestos de mando y cree que la mejor forma de tener asegurado el relevo es "prepararlo desde el primer día. Esa debería ser la primera obligación de un hermano mayor cuando asume su mandato".

Es de esos cristianos ilusionados con la esperanza que trae Francisco. También con la nueva generación al frente de su congregación y los cambios tras la disolución de la Procesión General del Santo Entierro, decisión que respalda. Sobre las divergencias con la nueva configuración, resuelve: "En el Viernes Santo no hay desunión, sólo desacuerdos".

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