Ferreira vibra en su pregón de la estética a la nostalgia y al compromiso social

25 de marzo de 2015

El vicepresidente de la Tertulia Cofrade Pasión preludia la Semana Santa en el teatro Liceo junto al Cristo del Amor y de la Paz

|| No era el barrio del Arrabal, sino el teatro Liceo. A un lado, el Cristo del Amor y de la Paz; al otro, José Manuel Ferreira Cunquero. En el centro, la sombra de un crucificado al que el pregonero de la Semana Santa de Salamanca 2015 siempre vuelve. En su compañía, sobre el escenario, entre faroles de cuadra, el poeta por antonomasia de las hermandades salmantinas, de sus cristos y sus vírgenes, comenzó a preludiar con emoción las procesiones de la ciudad en la noche del pasado martes. Para él fueron los primeros versos de un texto de 45 minutos que se condesaron en un suspiro. Tras ser presentado por Javier Blázquez como un "amigo sin fisuras ni doblez", Ferreira realizó la carta de presentación de un pregón que vibró de la estética a la nostalgia a través de un hondo compromiso social.

"Este Cristo humilde del Arrabal
es el mismo que por ahí suele andar
merodeando suburbios y andurriales,
lugares donde es un cuchillo el hambre
que aniquila la dignidad humana,
el mismo que a todos nos abre el alma
al verlo triste, deambular errante,
cual si fuera haraposo caminante
que busca en la ciudad nuestra mirada"

Ferreira, en su pregón en el teatro Liceo | Fotografías: Pablo de la Peña

Ferreira Cunquero, vicepresidente de la Tertulia Cofrade Pasión y uno de sus socios más antiguos, salpicó su anuncio de poemas escritos ex profeso para el acto y otros recuperados de su poemario "El cálido fulgor de la cruz entre las piedras" (el primero que en los noventa se dedico a la Semana Santa tormesina) y también del Poeta ante la Cruz que pronunció en 1989. A las calles de Salamanca, Jesús Flagelado, el Rescatado, el Cristo de la Agonía Redentora o la Soledad fueron algunas de sus composiciones.

Con el Cristo "que habita los adentros" y convencido de que "la llama pasional-cofradiera" arderá en su interior hasta el día de su muerte, efectuó una "referencia íntima y silenciosa" de su "singladura por los territorios del cristianismo" que ha cruzado a lo largo de su vida. Fue un pregón, desde el "currículo de la sencillez", con nombres propios como Rafael Sánchez Pascual, Teófilo Rodríguez Rodríguez, Andrés Alén o Tomás Ávila.

Cinco versículos del profeta Isaías, uno del Salmo 27 y otro del 22 guiaron un itinerario por la "gran propuesta cofrade que ciñe sus argumentos a la caridad y el amor". "¿De qué sirve ese Cristo que fue lacerado con frenesí por la bestia, si más allá de su expiración solo existe un hombre derrotado y yacido?", se preguntó. Y más tarde: "¿Qué puede pensar Jesús el Nazareno, cuando comprueba que aún no hemos asimilado su último mandamiento?".

El Cristo del Amor y de la Paz presidió el pregón de Ferreira

Salamanca, con sus "prodigiosos bordados platerescos" y sus "helmánticas cornisas y enigmáticas gárgolas que vierten el silencio sobre las añejadas y admirables rinconadas de armonía", fue el paisaje de una Semana Santa que "muta en arte las sombras" y que "nace en la reminiscencia intemporal que enlaza arraigos en la querencia del pueblo llano, humilde y cristiano".

Amplió el alcance de las tallas de madera para exponer, por ejemplo, cómo la imagen del Rescatado de San Pablo "explica por sí misma el valor de la religiosidad popular como fenómeno imparable de la necesidad humana por sentir el abrazo cercano del que todo lo puede" o cómo el Cristo de la Vela, "ese Cristo, sí, (el que el arte no cataloga por su escaso valor)" es quien al pregonero le ha "mostrado los contenidos esenciales que autentifican el significado que debe tener para nosotros como cristianos cualquier imagen".

Lugar destacadísimo tuvieron los "nazarenos de vecindad que a nuestro lado portan la inadmisible e injusta cruz del paro y la pobreza", los "cristianos de la desolación", los "cristos del mar, que acoge, en la furia de sus aguas, a tantos hermanos nuestros, peregrinos de ilusión sobre pateras de papel botadas por las mafias que repugnantemente comercia con la miseria humana". "Nuestra condición cristiana nos exige que no seamos cómplices de este silencio institucionalizado que oculta, de forma inadmisible, la cruel persecución que sufren en este momento los cristianos por parte del fanatismo religioso en muchos lugares del mundo", recordó. Y estableció preciosos paralelismos entre la Piedad de Carmona y las madres de los niños esclavos, de las niñas prostitutas o de los drogadictos.

El pregonero, junto al obispo y a la exedil Pilar Fernández Labrador

El tramo final lo dedicó a reivindicar el valor de las cofradías como cauce válido de evangelización, de ahí que instara a dar un paso adelante para ser "baluartes de un compromiso que reivindique con seriedad el puesto que les corresponde dentro de nuestra Iglesia". También instó a mirar hacia actos como el Descendimiento o a la Hermandad Universitaria, "que es pauta y referencia de nuestra Semana Santa, porque en esa marcha penitencial se muestran los atributos que emanan del entronque visceral a esta tierra, que reivindica, desde sus rizomas, la conservación de los predios tradicionales como parte inherente de nuestro valioso ajuar de pertenencias". De ahí que reclamara mesura en las "las innovaciones desmedidas y sin rigor".

"No olvidemos nunca que solo en la tradición religiosa y costumbrista podemos defender las procesiones, pues fuera de ese contexto nunca tendría cabida en nuestra sociedad la exposición pública del suplicio que sufre un hombre. Por esto es vital y necesario que exaltemos y expandamos la propia riqueza que identifica nuestra ligazón a estos surcos salmantinos que tanto amamos", se despidió antes de recibir una agradecida ovación.


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