Carteles

               [pintores para anunciar a Cristo]

2008 | Jean Claude
El cartel es litúrgico y positivo. Nos recuerda que la Cuaresma y los días de Semana Santa son sólo un paso en el camino hacia la Pascua. El centro no es el camino, sino el final que es vivir el misterio pascual. Anticipa lo que va a ser el final de la pasión: Cristo Resucitado que intercede por la ciudad de Salamanca y por todos los cofrades ante el Misterio de Dios.

Jesús asciende con unas grandes alas, que recuerdan la posición de entrega en la muerte de cruz. Y sube como una especia de héroe, de ángel o de ser transfigurado, que desperezándose o surgiendo del sueño de la muerte, va pasando de la muerte, va pasando a lo no histórico, al tiempo y al espacio de Dios. Se le intuye una cierta recuperación. Va pasando de la muerte a la vida, del fracaso al triunfo, de la persona al símbolo, de la inconsciencia a la lucidez.

Con él toda la humanidad adquiere alas, pasa de la pesantez y la esclavitud a la libertada y al espíritu. Y todo ello por haber sido fiel a su misión de profeta y poner por obra el proyecto de Dios en su vida. Jesús fue resucitado por el Padre, por su fidelidad, y con él todos nosotros -también los no creyentes- somos llamados a resucitar participando de su Pascua.

El cartel nos lo anuncia: la fe y la vida cristiana sirven para ayudarnos en el camino hacia la resurrección. Sin olvidar que ya estamos salvados y pascualizados en gratuidad. Lo definitivo es que somos amados por Dios en la Pascua de su Hijo Jesús.

Enhorabuena, pues, podemos ser felices. Aleluya.

José Ramón Campos, sacerdote y profesor de Arte cristiano


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