Carteles

               [pintores para anunciar a Cristo]

2009 | Mario Marchesini
El cartel que edita la Tertulia cofrade Pasión de 2009 fue realizado por Mario Marchesini, un artista popular nacido en Turín que compagina la pintura con el compromiso social. Ha recorrido medio mundo colaborando con distintas ONGs y desde hace unos años ha recalado en Salamanca. Colabora con Cáritas Diocesana y dedica una parte de su tiempo a enseñar los rudimentos del dibujo a niños desarraigados, alguno de ellos con un talento innato para la creación artística. Su cartel representa el paso del Santo Sepulcro.

Marchesini quedó extasiado ante el espectáculo cromático y religioso de las procesiones salmantinas. Especialmente aquellas que discurren por la calle Compañía, con el monumental edificio de la Clerecía como telón de fondo. Al cabo de un tiempo llegó a saber que Unamuno había sentido lo mismo que él con ochenta años de antelación. La calle de la Compañía es el escenario por antonomasia para las procesiones de Semana Santa. Por ello, lo reconoce él, la propuesta de realizar el cartel anunciador de la Semana Santa que edita la Tertulia, fue un reto y una ilusión, un gozo y una responsabilidad. ¿Cómo podía trasmitir este trotamundos de los lápices y las sonrisas infantiles la inmensa carga emotiva que albergaba en su interior tras descubrir el espectáculo, hondo, sublime y espiritual de las procesiones de penitencia?

Asumió el riesgo, con el arrojo y entusiasmo característico la sangre piamontesa que corre por sus venas. La vida, a fin de cuentas, siempre es un riesgo. Más para él, que la vive intensamente, abordando los límites de la marginación. Y la pintura del cartel, su pintura en general, es también de límite, de riesgo, de aventura en lo paraconvencional. Sin desmerecer a los artistas que en años anteriores pusieron su talento al servicio de la promoción cultural de la Semana Santa, nos atrevemos a afirmar que Marchesini deja a la posteridad una obra sumamente original con la que transgrede los formalismos del dibujo tradicional, afirmando, eso siempre, el valor de lo figurativo. De ahí la renuncia expresa a la composición, sacrificada en pos de dotar al cartel de una cierta ingenuidad que nos acerca al arte puro y sin compromiso del adolescente.

Y esto es novedoso, dado que nos hace olvidar el recurrente arte naif, que mira a la etapa anterior de la infancia. La clave del dibujo de Marchesini la encontramos en ese retorno introspectivo a la adolescencia, el momento en el que se insinúan los talentos sin haber logrado la conquista de la técnica. Esto lleva a Marchesini a distorsionar líneas de fuga, buscando quizás reivindicar la superficialidad del hombre contemporáneo, que rehuye el objeto principal y que en medio de la vorágine de aconteceres se atrinchera en la dispersión. Y bien lo sabemos, nadie mejor que el adolescente encarna el prototipo del ser disperso e inseguro que busca una identidad insinuada en el horizonte. Lo mismo que el arte de nuestro autor.

Vendrán luego, eso sí, los puristas y hablarán de planitud, ignorando que vivimos en un mundo que queremos hacer plano, porque nos conformamos con todo y lo que menos deseamos es comprometernos. Una vez más el sentido de denuncia. ¿No es esto lo que critica? Pues ahí está. Vendrán también los capillitas y sabihondos de la Semana Santa, y protestarán, porque el se-pulcro va en el sentido contrario, como si esta vida no fuese un ir contracorriente, al menos para el que quiere vivirla en plenitud volcándose con las necesidades del ser sufriente.

En fin, que como sucede con todo, a unos entusiasmará, a otros disgustará sobremanera. Pero indiferentes, en esta caso son muy poquitos los que van a quedar. Y esto es un cartel es lo primero que se demanda.


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